Interview with Rigoberta Menchu

Margarita Lacabe (marga@derechos.org)
Tue, 26 Jan 1999 11:55:29 -0800 (PST)

I forward this interview from the Spanish newspaper El Pais with Rigoberta
Menchu. As you may know, American Anthropologist David Stoll has
published a book that has questioned and denied many of the statements of
Rigoberta in her own 1983 book about her life. The Fundacion Rigoberta
Menchu has quickly responded to Mr. Stoll's allegations in a number of
letters and articles.
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Entrevista RIGOBERTA MENCHÚ Líder Indígena Guatemalteca y premio Nobel de la Paz

El País, domingo 24 de enero de 1999 (pág. 6 y 7)

"LOS QUE ME ATACAN HUMILLAN A LAS VÍCTIMAS"

Rigoberta Menchú recibió en 1992 el Premio Nobel de la Paz. Siete años después, un libro y un reportaje aparecidos en EE UU ponen en duda la veracidad de su palabra y de su vida. La indígena maya niega haber mentido y asegura que nadie podrá cambiar la verdad sobre su país.

-Juan Jesús Aznárez- (corresponsal de El País en la ciudad de México)

"En el colegio belga era sirvienta por 12 quetzales. Nos daban Alfabetización, costura y cocina. Teníamos que limpiar antes de Clase y hasta las 11 de la noche

Mi madre vio el asesinato de mi hermano Patrocionio. ¿Cómo iba a presentarla a testificar, si a muchos de los testigos los han matado para que no hablen?

Tengo un hermano Nicolás primero, que es el que murió, y otro Nicolás segundo, que vive. En Guatemala es normal que se repitan los nombres."

Hace apenas unas semanas sobrevino el escándalo que afecta la imagen de la Premio Nobel de la Paz de 1992. El antropólogo norteamericano David Stoll, y un reportaje de The New York Times, que utilizó el trabajo escrito por aquél como guión, imputaron al libro Me Llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, escrita en el año 1983, exageraciones, invenciones o falsedades. Stoll, en noviembre, y el periodista Larry Rohter, el 15 de diciembre, afirman que el texto de Menchú no es el relato de un testigo, como pretende, y que el recuento de los hechos no se corresponde con la realidad. Los episodios de la controversia se enmarcan en los 36 años de guerra interna de Guatemala, cuyo saldo es terrible: 100.000 personas muertas, 40.000 desaparecidas, 200.000 huérfanos y una errante legión de 100.000 viudas.

La disputa de tierras que la Nobel atribuye a una batalla contra terratenientes de apellidos españoles, uno de los fundamentos de su libro, fue, de hecho, una pelea familiar entre su padre y parientes, señalan el antropólogo y el Times; no existió un hermano menor que murió de desnutrición porque Nicolás Tum, hermano de Rigoberta Menchú, vive, sano y salvo, en San Miguel Uspantán, y no parece cierto que otro de sus hermanos, Patrocinio, muriera quemado vivo a manos de los soldados mientras sus familiares eran obligados a presenciarlo.

Por otra parte, escribieron, no responde a la verdad que la Nobel apenas haya asistido a la escuela, y apenas supiera leer y escribir, porque curso estudios en un colegio de monjas belgas de la Sagrada Familia. Es acusada también de aprovechar como propias experiencias ajenas. "Ella intentó ser todo para todos", concluyen los autores.

La Fundación Rigoberta Menchú reaccionó la tarde del miércoles subrayando que ninguna de las imputaciones atribuidas a la Nobel por el autor de Rigoberta Menchú y la historia de los pobres guatemaltecos resta méritos ni debilita un testimonio que "tiene la parcialidad y el coraje de una víctima que, además de lo que tuvo que sufrir en carne propia, se vió obligada a asumir como historia personal las atrocidades que vivió su pueblo".

Ella defiende el derecho a su propia memoria histórica, a narrar los hechos en función de lo que vivió o le contaron, y de la percepción que de ellos tiene. "¿Pido perdón porque mataron a mi padre? ¿Pido perdón porque mataron a mi hermano? ¿O pido perdón porque masacraron la aldea completa donde yo nací? Yo, Rigoberta Menchú no fue una autobiografía, sino un testimonio", precisa. "Tengo mi verdad de lo que viví durante 20 años. La historia de mi comunidad es mi propia historia".

Pregunta. ¿Es cierto que su libro omite hechos e inventa o exagera otros?

Respuesta. Reconozco, porque no lo digo en el libro, que había sido sirvienta en el (colegio) belga. No lo dije para proteger mi relación con las hermanas en aquellos años. ¡Cuánto hubiera querido yo contar todas las experiencias que he tenido, no sólo con las hermanas de la Sagrada Familia del belga, sino mi papel, mi trabajo pastoral, mi trabajo de catequista con comunidades religiosas.

P. ¿Fue alumna de ese colegio?

R. Se les olvidó preguntar que hacía. Era sirvienta. Yo ganaba 12 quetzales al mes (12 dólares en esos años) trabajando en el colegio. Uno se lo daban al Instituto del Seguro Social, y recibia en efectivo 11. Es otra parte de mi vida que no conté en mi libro porque lo que menos hubiera querido en esos años es asociar el (colegio) belga conmigo, porque un programa de las hermanas llevaba a las señoritas (estudiantes), por supuesto de familias muy acomodadas, a hacer un trabajo de campo, que era vivir dos o tres días en una comunidad, conocer a gente, la sensación de un pueblo capitalino, y así se completaba la educación. Muchas de esas señoritas han muerto. Tenían otros conventos que fueron destruidos totalmente. ¿Cómo iba a asociar el belga conmigo cuando decían de mi que era subversiva, comunista, etcétera? Si hubiera vivido en Guatemala me hubieran matado.

P. ¿Cursó estudios allí?

R. Teníamos dos clases por semana, tres horas cada día, a partir de las tres de la tarde. No estudiábamos con el resto de las alumnas, teníamos una maestra contratada para que nos diera alfabetización; después, costura y cocina, los sábados y los domingos. Lo llamaban educación para el hogar. Nuestra obligación era limpiar antes de la alfabetización y, después de eso, limpiar hasta las once de la noche.

P. ¿No participaba en el curso normal?

R. No, no. Cuánto daría yo por haber tenido esa grandiosa oportunidad. Después gané una beca para un programa de educación para adultos.

P. ¿Cómo murió su hermano Patrocinio?

R. Por muchos años yo no pude incluso decir que mi madre contó la verdad de mi hermano Patrocinio, y asumirlo yo, es porque nunca quise que mi madre estuviera en boca de nadie más. A los muertos hay que dejarlos en paz. Lo que más ofende es decir : "Bueno, el hermano de Rigoberta no murió quemado allí, fue a una fosa común". Es una verdad de tantas víctimas en Guatemala, donde la incertidumbre está en que hay fosas comunes.

P.¿Vio su asesinato?

R. Mi madre lo vio. Y ella no puede hablar de esto. Y cómo hubiera yo jalado (presentado) a mi madre de testigo número uno, si a muchos de los testigos se les ha matado para que no hablen. Ésa era la práctica en Guatemala. Eso es una verdad, es la verdad de mi madre. Y si yo creo a Stoll o creo a mi madre, es obvio que creo a mi madre.

P. ¿La muerte de Patrocinio se la contó su madre?

R. Claro. Ella fue a ver todos los rostros de todos los cadáveres que producían en la zona, tratando todavía de dudar eso, de que aquel muchacho hubiera muerto. Ella no quería creerlo, y más bien tenía que ir a ver cada muerto si acaso existía la esperanza de que no fuera él. Yo puedo decir que si mi hermano no fue ese muchacho, y que fue una fantasía de una madre loca buscando a su hijo en cada panteón, que fue una fantasía de mi madre. Que me enseñen dónde está la fosa común donde está enterrado. Si alguien me entrega su cuerpo cambiaré mi punto de vista. Mi verdad es que Patrocinio fue quemado vivo.

DISPUTAS POR LA TIERRA

P. ¿Y las disputas de tierras? ¿Fue algo contra terratenientes o riña familiar?

R. Éste es un problema que tiene 50 años. Desde el año 52 hemos rescatado de los expedientes de mi padre para obtener esas tierras. Toda una vida luchó mi padre allí. Se supone que mi abuelo, Nicolás Tum, que murió en los ochenta, mucho antes de que empezaran los problemas, supuestamente vendió a otro ladino (mestizo) que vive en otro pueblo. Y nosotros en el año 96 tuvimos que negociar con ese ladino para que nos vuelva a vender la tierra donde mi padre hizo su vida, donde yo nací, donde yo crecí. Yo compré de nuevo la propiedad de mi papá. Mi abuelo nunca hubiera vendido esas tierras y él (Stoll) lo reduce todo a un simple pleito familiar. Todo el mumdo sabe que el tema de la tierra fue uno de los temas más discutidos en los acuerdos de paz.

P. ¿Por qué?

R. Porque llevaba un presupuesto millonario, mucho más alto que cualquier tema de los acuerdos de paz para cumplirlo. Primero, porque había que hacer un catastro de la tierra. El Banco Mundial tenía que comprometer una contribución millonaria. La tierra no sólo tiene el grave problema de los litigios, que hay varios dueños y el más listo se hace dueño de la tierra. Había que impulsar una negociación política entre las partes. En esto están involucradas comunidades de vecinos, terratenientes, madereros y cualquier tipo de negociantes. Hay mucha especulación.

P. Dicen que su hermano Nicolás no murió.

R. Le quiero ser muy sincera. Tengo un hermano Nicolás primero, que es el que murió, y otro Nicolás segundo, que es el que vive. Eso muy normal en Guatemala, que en nuestras familias se repitan los nombres.

P. ¿Y en la suya?

R. Él (Stoll) se supone que es un antropólogo que ha estudiado la cosmovisión indígena. Y eso, la repetición de nombres, es una generalidad en el llamado mundo maya, y en todas las comunidades indígenas de toda América Latina. Esa repetición es un tema que nos ha llevado mucha discusión en la clasificación de los informes que hizo la Recuperación de la Memoria Histórica, donde también se repiten los nombres. Un investigador tiene que entender esa lógica y decir que en una misma familia hay tres o cuatro miembros que se llaman igual. En mi familia, hubo dos, y no tres y cuatro. Tengo dos hermanos Nicolases. Si hubieran estado los dos vivos, tendríamos que hablar del Nicolás grande y el Nicolás chiquito. Murió el Nicolás grande, el mayor, el primer hijo de mi madre.

P. ¿Es cierto que murió por desnutrición?

R. Sí, exactamente. La incoherencia en esto es que en el libro Nicolás quedó como si fuera mi hermano chiquito. Fue tan fácil de un plumazo borrar la historia de dos indios (sus hermanos) que si hubieran estado vivos ¡qué indignación sentirían por ser hombres utilizados de esta manera! Cuando ellos no tienen nada que ver ni con mi convicción, ni con mi lucha ni con las decisiones que yo adquiero porque soy mayor de edad.

P. Le reprochan asumir experiencias ajenas como propias.

R. No les puedo obligar a entender. Todo, para mí, lo que fue historia de mi comunidad es mi propia historia. No salí del aire, no soy un pajarito que viene de las montañas solito, de una pareja de padres aislados del mundo. Yo soy producto de una comunidad, y no sólo la comunidad guatemalteca. Y sobre si mis hermanos, mi padre, eran ricos, vaya a Chimel y constatará que no hay luz eléctrica en ese pueblo, que este año podría entrar en función la primera escuela.

P. Hay quienes piden que le quiten Nobel.

R. Están confundiendo las cosas. El Premio Nobel de la Paz no es Premio Nobel de Literatura. Éste se lo dan a alguien que escribe libros. A mí no me lo dan por un libro. El de la paz es un premio simbólico por el papel jugado en el proceso de paz.

P. La antropóloga venozolana Elizabeth Burgos, coautora de su libro, se duele de que usted ocultara las barbaridades cometidas por la guerrilla.

R. Primero hay que pararse en Guatemala en medio de los años ochenta. Cualquiera que se asemejara a oposición, no digamos a guerrillero, seguramente sería perseguido inmediatamente. Ha sido una historia pavorosa. No había espacios, no había intermedios. Esto no lo he dicho nunca y se lo voy a decir a usted: el hecho es que sólo pertenecer al CUC (Comité Unidad Campesina) era interpretado como si se perteneciera a la guerrilla guatemalteca. Había vínculos con la guerrilla. Muchos exiliados tenían vínculos con la guerrilla. El (actual) viceministro de Asuntos Exteriores de Guatemala era el delegado que yo conocí del Partido Guatemalteco del Trabajo, que era el Partido Comunista, el más conocido. Al canciller me lo presentaron como experto con una estrecha relación con el movimiento insurgente de Guatemala y Centroamérica. Y podría seguir. Al secretario privado del señor presidente Arzú, todavía lo conocí como alto dirigente de la guerrilla. No hay una agenda oculta. Algunos piensan que tengo una agenda oculta, una verdad oculta, y por lo tanto hay que sacar esa verdad. Hoy puedo decir todo esto porque nadie va a ser asesinado mañana.

P. El caso es que hay personas que afirman: "Rigoberta miente".

R. Ni siquiera el libro del señor Stoll dice que sea mentirosa. Qué casualidad que se diga ahora, que Rigoberta miente, a secas. Entonces mintieron los 25.000 testigos que entrevistó monseñor Gerardi antes de su muerte (Juan Gerardi, obispo auxiliar de Guatemala, asesinado el pasado 26 de abril, dos días después de presentar el informe Guatemala Nunca Más), y que afirman y reafirman y requeteafirman lo mismo o más de lo que yo hablo en mi testimonio Me llamo Rigoberta Menchú. Qué casualidad que se diga que Rigoberta miente cuando la Comisión de Esclarecimiento Histórico ha recorrido las comunidades y ha encontrado no sólo esa verdad, sino que ha podido contactarse con todos los delitos de lesa humanidad.

P. Pero Stoll cuestiona su biografía, no niega las atrocidades de Guatemala.

R. Claro. Mentimos todas las víctimas. Él tiene ya una conclusión de antemano y todo lo adorna para llegar a esa conclusión. Y lo más aberrante: no sólo somos ignorantes, como dice el señor Stoll, que nos manipularon el cerebro el comunismo y la Teología de la Liberación, y que nos fabricaron y nos hicieron mito, y a mí en particular me hicieron un mito bárbaro, fantasma misterioso. Está diciendo también que somos mentirosos, no sólo ignorantes y salvajes. Eso es un cosa que por nada del mundo voy a aceptar.

STOLL, LA CIA Y EL "NEW YORK TIMES"

P. ¿Estaría dispuesta a un careo con él? R. Mi problema no es con un individuo, o dos. No es mentira que estoy esperando ansiosamente una fotografía para hacerme una idea de cómo es un adversario que no conozco. No soy rencorosa. El día en que me tomé una foto con las Fuerzas Armadas de Guatemala y con sus comandantes en jefe sabía que era un mensaje rotundo al mundo porque nada menos que son los victimarios de los míos, de mi aldea, de mi gente. Y el día en que sembramos un árbol juntos, con el ministro de la Defensa, y un comandante de la guerrilla sentía que por nuestras vidas pasaba un mensaje rotundo y contundente. Mis razones y mi causa son contundentes.

P. ¿Qué sabe sobre la obra de David Stoll?

R. En el primer libro él mantiene una tesis verdaderamente aberrante en relación a Guatemala. Él dice que nunca existió el conflicto armado interno como tal, que sólo lo inflaron los comunistas de una manera desmesurada y que convencieron a mucha gente. El dice que Efraín Ríos Montt (general que fue presidente guatemalteco en el benio 1982-1983) nunca fue responsable de las masacres, sino que él era más bien un señor fuera del poder, que no tenía control sobre las fuerzas de seguridad ni la represión. Trata de adornar la historia de Ríos Montt.

P. ¿Le ha dolido mucho todo este escándalo?

R. Sí, porque era un acto de humillación a las víctimas. No bastaba con matar a los muertos. No bastaba que hubiera sido muerto mi mamá, mi papá, mis hermanos, sino que se quiere polemizar con los muertos.

P. ¿Piensa que alguien trata de conseguir algo dañándola?

R. No me gusta especular hasta no juntar algunos otros datos. No vamos a decir que es la CIA, pero tampoco creo que esté ausente.

P. ¿Qué interés tendría The New York Times para manipular su historia? Larry Rohter está considerado un profesional con años de experiencia en Centroamérica.

R. Es muy temprano para sacar una conclusión. No tengo elementos. Estamos tratando de contar con el punto de vista de varios amigos en los propios Estados Unidos. Yo lo asumo como el reportaje del New York Times. Eso es lo que sé. No tengo ningún elemento. Lo que a mí me causa un impacto tremendo es que el reportaje no incluye los matices del propio libro del señor Stoll. Es algo muy raro para mí.

P. ¿Tiene medios para apoyar la veracidad de su relato?

R. Lea el informe sobre la recuperación de la memoria histórica, que recoge la verdad de 25.000 víctimas en Guatemala. Y también basta con ir a Guatemala y pararse en una finca agroexportadora para ver cuántos niños trabajan en esas fincas cortando cañas. Son realidades espeluznantes que no son del pasado. No se trata de si usted cree en mi verdad o en la de otro, sencillamente estoy diciendo que tengo derecho a mi memoria como lo tiene mi gente.

La voz de los indígenas de América Latina

Rigoberta Menchú Tum, de 40 años, es maya-quiché, uno de los 23 pueblos indígenas que constituyen el 60% de la población guatemalteca. Desde 1981 denuncia el abandono de los indígenas y la situación interna de su país, que padeció el conflicto más largo y sangriento de Centroamérica. La firma de la paz, el 29 de diciembre de 1996, abrió un nuevo proceso en una nación tomada durante décadas por los desmanes de dictaduras derechistas, exceptuados los períodos gubernamentales de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, derrocado éste en 1954 por un golpe apoyado por la CIA.

Rigoberta Menchú fue la sexta de nueve hijos de Vicente Menchú, dirigente de la comunidad, y de Juana Tum, comadrona y curandera. Su familia trabajó en plantaciones de café. Su padre murió durante el asalto militar a la embajada de España en Guatemala, el 31 de enero de 1980.

Rigoberta Menchú huyó a México, donde pasó doce años y conoció a monseñor Samuel Ruiz, obispo de la diócesis de San Cristobal de las Casas, Chiapas. En un viaje a París narró la historia de su vida, Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, publicada en español hace 16 años, después en inglés, y traducida luego a otros idiomas. De regreso a Guatemala, en 1988, fue detenida en el aeropuerto y posteriormente liberada gracias a la presión internacional. Cuatro años después, su figura era mundialmente conocida y se le otorgó el Nobel. A lo largo de dos décadas ha sido la principal abanderada de los indígenas de América Latina, participó en foros internacionales en su defensa, y la biografía de la controversia contribuyó poderosamente a atraer la atención del mundo sobre las salvajadas perpetradas en el pequeño país centroamericano. "La historia de Guatemala es imposible de modificar de una u otra manera", afirma, "porque los delitos que se cometieron ha sellado la memoria de nuestro pueblo. Fueron miles y miles los secuestros, las

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