China y Medio Ambiente

Enrique Saravia (esaravia@centroin.com.br)
Thu, 19 Jun 1997 23:55:17 -0700

INTERVOZ - OPINION
Córdoba, República Argentina. Jueves 19 de junio de 1997

El enorme precio del “milagro chino”
POR SERGIO HERRERO

Hay analistas que se deslumbran por los índices de crecimiento económico
en China. Y otros que se extasían ante el experimento inusual que están
llevando adelante los herederos de Deng Xiaoping: la fusión del
totalitarismo político con el liberalismo económico. Olvidan (o, peor,
callan) el elevado precio en ecosistemas y derechos humanos que los
chinos están pagando por esos índices, juzgados en Occidente de manera
tan deportiva.

Olvidan los 20 millones de presos condenados a trabajos forzados, lo que
garantiza al gobierno (y a los empresarios occidentales que acuden al
gigantesco paraíso laboral) una mano de obra que prácticamente no tiene
incidencia alguna sobre la estructura de costos. El sueño dorado de toda
patronal, sea estatal o privada. La firmeza, y a veces dureza, de las
reivindicaciones de los derechos humanos, tan aplicada en otras regiones
del mundo, se disuelve como cera frente a la llama cuando se llega al
umbral de las cárceles y factorías establecidas en el coloso asiático.

La situación de los opositores puede ser aliviada y aun resuelta si los
herederos de Deng llegan (inexorablemente) al convencimiento de la
inviabilidad de la coexistencia del totalitarismo y la economía sin
planificación centralizada. Lo que comparativamente tardará mayor tiempo
(y en muchos casos no llegará nunca) es la recuperación de los
ecosistemas devastados por una política económica irracional,
irresponsable, imprevisora.

Los indicadores, en este sentido, son tanto o más contundentes, e
infinitamente más dramáticos, que los relacionados con el producto bruto
interno, los saldos de las balanzas comercial y de pagos y otros excesos
econométricos que confieren a la llamada ciencia económica (“ciencia
lúgubre”, la llamó Thomas Carlyle ya en sus inicios) ese aire de
disciplina deportiva que la informática ha llevado al paroxismo.
(“Irving Fisher _escribió alguna vez John Kenneth Galbraith_ fue pionero
del invento de los números índices y también de la economía matemática.
Aunque la economía matemática no nos lo ha enseñado aún todo sobre la
economía, ha demostrado ser una manera muy útil de mantener ocupados a
los economistas”.)

Los índices silenciados

Veamos algunos de los índices silenciados del “milagro chino”. En las 20
ciudades más importantes del país, tres millones de personas han muerto
de bronquitis crónica provocada por la contaminación del aire. En 500
ciudades, el nivel de salubridad de la atmósfera está por debajo de los
niveles mínimos establecidos por la Organización Mundial de la Salud. En
China, el aire enrarecido causa el 25 por ciento de las muertes (en los
Estados Unidos, el tres por ciento). La ciudad de Benxi ha desaparecido
de las fotografías tomadas por satélites, pues está cubierta por una
espesa, permanente e impenetrable capa de esmog. En la ciudad de
Shenyang, a menos de 100 kilómetros de Benxi, las enfermedades
respiratorias se han acrecentado en un 250 por ciento en los últimos 10
años, y el cáncer de pulmón ha crecido un 25 por ciento en igual lapso.
En la ciudad de Shenyang, que podría ser considera la “capital mundial
de la contaminación”, las fábricas envían a la atmósfera 20 mil
toneladas anuales del letal dióxido de sulfuro; ella sola contamina el
25 por ciento de todo el dióxido de sulfuro que emiten las plantas
fabriles de Japón. Según estudios de la Academia de Ciencias de China,
su país produce el 11 por ciento de los gases contaminantes de todo el
mundo.

El 80 por ciento de los 1.200 millones de chinos (es decir, 960
millones) consumen agua contaminada por pesticidas y efluentes
industriales. Las napas están, en su inmensa mayoría, polucionadas. La
situación más dramática se registra en la cuenca del río Huaihe, donde
160 millones de personas enfrentan problemas insolubles pues la
alimentación y la higiene no pueden desarrollarse normalmente por la
carencia de agua apta para el consumo humano. La tasa de mortalidad es,
en esa cuenca, un 30 por ciento superior a la del resto de la nación; el
90 por ciento de los niños de esa cuenca presenta problemas de salud por
la ingesta de agua contaminada con nitrógeno y potasio, y hace más de
una década desde que comenzó el “milagro chino”) que ningún joven de
esas regiones ha podido ser incorporado a las Fuerzas Armadas porque
padecen enfermedades crónicas.

Ni ríos ni bosques

Hay ríos que han perdido su transparencia y hoy presentan tonalidades
que van del marrón oscuro al verde intenso, por la flotación de residuos
industriales. Más del 40 por ciento de los bosques sufren el fenómeno de
la lluvia ácida, generada por el dióxido de sulfuro que libera la
combustión del carbón (debe recordarse que China es una de las pocas
potencias industriales del mundo que utiliza masivamente el carbón como
fuente energética, de donde se derivan los graves problemas como el que
padece la ciudad de Benxi, donde se respira el aire más contaminado de
Asia). La lluvia ácida no solamente aniquila los bosques; también
erosiona los metales: en la provincia de Guiyang, el acero tiene una
duración de cuatro años, en vez de los 30 que reconocen los fabricantes
como latitud normal.

Pero la irracionalidad, la irresponsabilidad y la imprevisión no son
características exclusivas de una suicida política industrial. En la
agricultura se registra un fenómeno equivalente. Un tercio de la tierra
cultivada presenta procesos de erosión hídrica, a lo que se añade la
deforestación sin reforestación, para sumar cada año 2.100 kilómetros
cuadrados a la geografía de la devastación. Según estimaciones de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), entre 1978 _cuando comenzaron las reformas
económicas_, y 1990, China ha perdido el cinco por ciento de sus tierras
cultivables. La fauna está también afectada, pues la tala de bosques y
la cacería depredadora ponen en peligro la subsistencia de numerosas
especies, algunas de ellas únicas en el mundo. Entre las más amenazadas
figuran los tigres, leopardos y osos pandas gigantes (cuyo hábitat en la
provincia de Sichuan está virtualmente perdido).

Esfuerzo ineficiente

El gobierno invierte unos cuatro mil millones de dólares anuales en
programas de protección y recuperación de los ecosistemas, pero es un
esfuerzo absolutamente ineficiente. Es de tan grande magnitud la
destrucción, que sería necesario una inversión muy superior para recién
empezar a atenuar los perniciosos efectos que se están padeciendo. Pero
entonces habría números rojos en las cuentas del Estado y eso no es
bueno para la econometría.

Sí, China asombra por sus índices de crecimiento económico, pero
deberían colocarse junto a ellos sus índices de devastación ecológica.
Entonces se plantearía con toda pertinacia la pregunta de si ha valido
la pena tan rápida escalada hacia las primeras posiciones del campeonato
mundial de PBI.

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