Reforma del idioma español

Enrique Saravia (esaravia@centroin.com.br)
Thu, 10 Apr 1997 10:43:24 -0700

LA VOZ DEL INTERIOR
Córdoba, República Argentina. Jueves 10 de abril de 1997
ABOLIR LA ORTOGRAFIA?

El castellano en el ojo de la tormenta

Cuando el escritor colombiano Gabriel García Márquez terminó su
disertación en la apertura del Primer Congreso Internacional de la
Lengua Española, que se realiza en Sacatecas, un pueblito mejicano, los
participantes guardaron un prolongado silencio. Es que el Premio Nobel
de Literatura fue concreto y expeditivo al asegurar, sin más, que había
que acabar con la ortografía y simplificar la gramática de la lengua
castellana.

Desde entonces, se reactualizó la polémica sobre un tema que ofrece una
rica historia que puede remontarse a principios de siglo cuando, con
matices, el venezolano Andrés Bello en 1920 y dos décadas después, el
argentino Domingo Faustino Sarmiento, propusieron "democratizar" la
lengua.

Lo cierto es que, hoy por hoy, la cuestión ha generado la opinión de
decenas de linguistas, catedráticos y escritores quienes, en general,
abogan por enriquecer a un idioma que como el español, es hablado por
cerca de 400 millones de personas. Así, por ejemplo, el también Premio
Nobel de Literatura Camilo José Sela, fijo su posición al afirmar que,
cuando era profesor universitario, "suspendía categóricamente" a los
alumnos que no respetasen las reglas ortográficas. Asimismo, comentó que
actualmente en España se ha puesto de moda tener faltas de ortografías.

A su turno, desde su lecho de enfermo, el escritor mejicano Octavio Paz,
sostuvo: "la lengua es de todos y es de nadie, y las normas que las
rigen, si nuestra lengua, como todo, posee un conjunto de reglas; pero
esas reglas son flexibles y están sujetas a los usos: el idioma que
hablan los argentinos no es menos legítimo que el de los españoles, los
peruanos, los venezolanos o los cubanos, aunque todas esas hablas tienen
características propias".

Entre los ponentes del Congreso, se establecieron opiniones tan
disímiles como encontradas respecto a las palabras de García Márquez.
José Luis Martínez, presidente de la Academia Mejicana de la Lengua, se
opuso
de forma rotunda al señalar que "esas peticiones son una vieja manía de
reformistas. Es cuestión de que las costumbres vayan asentándose y que
cada uno decida lo que es mejor". "Estoy en contra de la supresión de la
ortografía ya que es una de las más fáciles de aprender, piénsese la que
tienen otras lenguas como el francés, el inglés o el alemán", dijo.
El director del Instituto Cervantes de Madrid, Santiago de
Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, fue menos crítico: "El discurso me
interesó mucho y sobre todo, me subyugó su palabra cautivadora. De ahí a
pensar que sus propuestas tienen un interés práctico hay un paso que yo
no soy el que lo tiene que dar. No entendí que Gabo estuviera haciendo
propuestas prácticas".

El catedrático barcelonés de Literatura, Juan Manuel Blecua, pidió suma
prudencia al llevar a cabo calquier reforma del idioma, "porque puede
afectar a problemas de la unidad de la lengua". Vale recordar que otros
ilustres escritores ya fallecidos como Juan Ramón Jiménez y Jorge Luis
BORGES, intentaron también reformar el castellano para hacerlo más
sencillo. En ese sentido, Borges solía sostener que "una lengua que no
cambia es una lengua muerta". Incluso en nuestro país, el escritor Jorge
Asís autor, entre otras obras, de "Flores robadas en los jardines de
Quilmes", propuso en 1994 un proyecto de "defensa del idioma". Sin
embargo, la iniciativa _que no fue correctamente explicitada por Asís_
mereció reparos de numerosos legisladores y no prosperó. De paso, le
valió su renuncia al cargo.

En el caso que plantea el popular Gabo, las opiniones están divididas
entre aquellos que coinciden con su apreciación respecto a evitar
complicaciones gramaticales, hasta los que consideran que la lengua debe
mantener "las reglas del correcto escribir".

Lo cierto es que el tema está planteado y la controversia en plena
ebullición. Millones de hispanoparlantes, que residen en 22 países,
seguramente seguirán interpretando y hablando el castellano a su manera.
Cada uno con modismos y particularidades propias, porque como bien lo
puntualiza Abelardo Castillo, "la ortografía sólo se modifica con el
paso del tiempo, no por obra de un intelectual".

Con Gabriel o con Camilo?

Ya tenemos instalada la polémica en este Primer Congreso Internacional
de la Lengua Española reunido en Zacatecas, hermosísima ciudad mejicana,
según me dicen. Como no podía ser de otra manera, ya se lanzaron al
ataque a la difusión del castellano y la defensa (sin que medie ataque
alguno) de las hablas americanas. Por una parte, la voz eminente de
académicos e historiadores que llaman "agresivo" al español y, en alguna
medida, cómplice en arrear "procesos de sometimiento social, de
colonización interna y de discriminación"; y por la otra, las galanuras
del autor de La Colmena, dardos arrojados desde lo alto de su
indiscutible premio Nobel.

Parece que _según se dice_ 500 lenguas aborígenes (habladas por 40
millones de seres cobrizos) están condenadas en un irreversible proceso
de extinción. Y todo ello, por obra y gracia del lenguaje que llegara a
estas playas en las "naos" de la conquista y colonización. Tenemos
derecho a desconfiar de esas profecías que
llevan ya cinco siglos demostrando su falacia. Pero, inexplicablemente,
hay quienes creen que liberar a esas hablas sometidas implica la
necesidad de desatar las "normas de hierro" que rigen el castellano.
Algo así como raparme yo las barbas para que tú quedes lampiño. Gabriel
García Márquez (a quien, según nos enteramos hoy, puede llamárselo
"Gabo") pondera la urgencia de simplificar la gramática madrileña antes
de que ella nos simplifique a nosotros. Tal simplificación pasa _habría
dicho el padre del coronel a quien nadie se preocupaba en escribir_ por
la imperiosa jubilación de la ortografía. Y gran prosista como es,
sostiene que debe enterrarse la h y poner en vereda la g en sus
relaciones con la j. También proclama la idea de hacer racional el uso
de los acentos gráficos pues, como es sabido, nadie confunde el
sustantivo revólver con el verbo revolver (aunque sí el sustantivo
fábrica con el verbo fabrica). Camilo José Cela _con donosa ironía_
adhirió a proscribir la h cuando no tenga asidero etimológico, y
mantener la v y la b porque "todo tiene su razón de ser". Y, descreyendo
de los nubarrones que parece se temen en la América caliente, augura
tres milenios más de vida para el idioma, a pesar de las academias y
algunos profetas de un particular apocalipsis.

No seamos dilapidadores de las "joyas de la abuela". Si tiramos por la
borda la ortografía etimológica (que es la básica del español), dentro
de un par de generaciones nadie entenderá por qué vaca lleva v y burro
b.

Humberto J.P. Dahbar

La universalidad del habla

La polémica alrededor del lenguaje escrito, y la necesidad de su
simplificación y una mayor correlación entre fonética y grafía, tiene
largos y variados precedentes. El hombre se expresó primero por sonidos.
Articular palabras y frases le demandó más siglos que la guerra del
fuego, y la comunicación escrita constituye, finalmente, un indicio
temprano de civilización. Se sabe de las cuevas de Altamira, de las
inscripciones en tumbas y dinteles prehistóricos. Lo que no se sabe bien
es cuándo surgió el primer profesor de ortografía, terror de los alumnos
en tiempos pasados. Sin embargo, una frase bien escrita, sin errores
gramaticales ni ortográficos, descansa la vista y dice lo que quiso
significar. Si el novio deja una notita diciendo "me fui a cazar", la
mujer se preocupa menos de que si lee "me fui a casar".

No es cuestión de bajar consonantes de un plumazo. Hasta un idioma tan
singular como el alemán se resiste a introducir cambios significativos,
como bajarle la mayúscula a los sustantivos o cambiar la B grandota
(parecida a la beta griega) que en otros alfabetos pasa a ser una doble
ss.Desde los años '30, o sea cuando recién arrancaba el
nacionalsocialismo, que los alemanes discuten aspectos sustanciales de
su lectoescritura. Finalmente ganó una reforma, muy alivianada y con
lapsos extensos para su aplicación: será obligatoria desde el '98, pero
el plazo definitivo recién expirará en el 2004. La mayúscula
desaparecerá en algunos sustantivos que resultan de sumar dos o tres
verbos sustantivados. Lo gracioso es que este cambio no le disipará el
terror a los que tienen que sumar tres, cuatro ideas en una sola larga,
interminable palabra bien al gusto alemán (einwohnermeldeamt,
studentenwohnheim). También allá los intelectuales, gente de la talla de
Günter Grass y Hans-Magnus Enzelberger, se han manifestado, a favor o en
contra, sobre todo poco dispuestos a sacrificar idioma en beneficio de
la "anglización" de la cultura y de su adaptación a las exigencias
tecnológicas.

Como los medios, las computadoras, los tableros, vienen en inglés, ya
hemos visto peligrar nuestra querida ñ. No olvidarán ustedes que
estuvimos a punto de perder el ano, a raíz de esos avances
globalizadores.

La relación entre el habla y la escritura es tan estrecha como las dos
caras de una moneda. Lutero provocó las más profundas rebeliones cuando
pasó la Biblia al idioma del vulgo. A principios de este siglo, Gamal
Aatatürk le ocasionó una herida indeleble a su pueblo, cuando erradicó
el alfabeto árabe e impuso el occidental y cristiano. Se dice que los
turcos "progresaron" y que la intención era alejarlos del
fundamentalismo musulmán, pero el precio es culturalmente
inconmensurable.Que la ortografía esté pobremente o mal enseñada, habrá
que unificarla. Una consonante es un fonema, un concepto
psicolingüístico, a excepción _para muchos_ de la h muda o de la ll
cuando es ye para el hablante. Casos que damos a título de ejemplo y sin
intención de polemizar, porque la discusión transcurrirá en otros
ámbitos más calificados.

El rey Juan Carlos pidió una terminología común

En el marco del Primer Congreso de la Lengua, el rey español, Juan
Carlos, invocó los nombres de Cervantes, Neruda, sor Juana Inés de la
Cruz, Borges, Mutis y Monterroso, miembros de una "única historia
literaria", para pedir a toda la comunidad hispanoamericana, el cuidado
de una lengua que, según dijo, "es el gran vínculo de unión de nuestros
pueblos".

En el viejo convento de San Agustín _una de las más antiguas iglesias
coloniales de Zacatecas, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad_,
el Rey de España dijo a los asistentes al congreso, que les convocaba
"el amor a la lengua española y la preocupación por su futuro en un
campo de tanta importancia para la comunidad hispanohablante".

En su discurso, el monarca agradeció a México su dedicación a la defensa
del idioma común y recordó a Ramón María del Valle Inclán y el homenaje
que hizo a esa tierra cuando afirmó: "México me abrió los ojos y me hizo
poeta". Juan Carlos citó también al académico español Rafael Lapesa y al
escritor mejicano Alfonso Reyes, quienes "defendieron la universalidad
fecunda de un idioma que es patrimonio de todos". Hizo, además,
referencia a dos retos especialmente importantes en el futuro inmediato:
la terminología, "que debe ser común ante los nuevos avances técnicos",
y los sistemas educativos.

Sobre el primer punto en particular, el rey aseguró que "la nueva
terminología abre un nuevo territorio para nuestra lengua".En cuanto al
segundo ítem, comentó que "la educación debe sembrar en las nuevas
generaciones, el amor al rico pasado de la lengua y a su prometedor
porvenir". En el último tramo de su alocución, Juan Carlos ofreció su
colaboración "más apasionante", a la "hermosa tarea de amar a nuestra
lengua".