Silvia Rivera Cusicanqui
Departamento de Sociologia
Universidad Mayor de San Andres
La Paz, Bolivia
(Version resumida publicada en HOY
La Paz, Bolivia, el 23 de Abril de 1995)
Por via de SAIIC,
(The South&Mesoamerican Rights and Information
Center, Oakland)
Democracia y violencia no son terminos incompatibles o excluyentes
entre si. En Mexico, una solida estructura clientelar estatal sirve
de base a la farsa electoral mas vieja de America, mientras centenas
de miles de mexicanos rurales e indigenas mueren o huyen como pueden
de su pais. En Colombia, regimenes democraticos elegidos conforme a
diversas normas convencionales, han coexistido durante mas de un
siglo con la mas brutal violencia represiva militar y paramilitar, y
con las mas variadas formas de resistencia popular armada. En las
constituciones bolivarianas, el "estado de excepcion" permite un
margen amplio de arbitrariedad estatal sin que por ello se rompa
completamente con las bases juridicas de la legitimidad republicana.
Estas son las ficciones democraticas que han permitido
historicamente, la oscilacion entre democracia y dictadura, y que en
el presente permiten consolidar la doble moral en la entrana misma
de la democracia boliviana.
Bolivia es un pais donde hay democracia para pocos y dictadura para
muchos. Vastas regiones rurales bolivianas son escenario del imperio
de la ley del mas fuerte--y la violencia abierta o encubierta--es un
rasgo estructural de la vida cotidiana en nuestra modernidad signada
por el subdesarrollo, el despoblamiento, la extrema pobreza, y la
total perdida de soberania. Desde hace mas de una decada, se mata y
se reprime impunemente en el Chapare [centro agricultor de la coca],
y nadie ha podido hasta ahora hacer valer la Constitucion Politica
del Estado sobre la Ley 1008. Desde hace siglos, miles de indigenas,
mestizos, cholas y birlochas [campesinos urbanizados] pueblan las
carceles de este pais, siempre enemigos irreductibles, amenazas
silenciosas a este orden pigmentocratico donde los blancoides o
q'aras mandan por un mandato que pareciera heredado de lo mas
profundo de la historia.
Este estado de sitio no es sino un corolario que revela con
elocuencia los fundamentos de arena en los que esta asentada nuestra
democracia. Y lo es por un doble motivo. De un lado, resulta
irrelevante--segun la argumentacion anterior--si el Estado de Sitio
es mas o menos legitimo por estar amparadoi en una norma
constitucional. Pero de otro lado, en este caso particular, las
circunstancias y factores que llevaron a la dictacion del Estado de
Sitio son la prueba mas clara de la doble moral a que haciamos
referencia. En el caso de la huelga de la COB [Central Obrera
Boliviana], los acuerdos violados y traicionados por el gobierno, y
la premeditada decision de atribuir a la COB posiciones rupturistas
que nunca triunfaron en el debate interno, pero que permitian
amparar todo el operativo en la idea de una "conmocion social"
previsible por la falta de acuerdos [entre] Gobierno-COB. Una
patrana bien montada por los asesores de inteligencia del Ministerio
de Gobierno boliviano, y que pasa, sin embargo, por algo verosimil,
aceptable, pues un amplio sector de clase media y alta estaba ya
"harto" de la huelga. La aceptacion y subsecuente "ablandamiento"
del Estado de Sitio demuestra cuan eficaz fue esta "consulta
coercitiva de opinion" en terminos de la direccion ultima de las
politicas de reforma educativa y los compromisos de intervencion en
la llamada "problematica coca-cocaina". En el caso de los cocaleros,
la campana se ampara confusamente en la idea de la "coca no es
cocaina", y una idealizacion "inventada" de tradiciones supuestas
sobre la coca y sus funciones rituales en el mundo andino. Sin
embargo, en la practica, la movilizacion cocalera pone el dedo en la
llaga en otro aspecto de la doble moral estatal-q'ara: la politica
permisiva para los grandes y represiva para los pequenos, que no
hace mas que ahondar la brecha entre la economia ilegal y la legal,
creadno rigidas pero ambiguas fronteras, en los que la
"culpabilidad" y la "inocencia" se definen al sesgo de la
Constitucion Politica del Estado.
II
Maestros y cocaleros.
Hace cuarenta anos, quien hubiera pensado que estos dos sectores serian
los ultimos reductos de la confrontacion clasica de la politica boliviana,
entre su sector sindicalizado--y aqui sabemos, el sindicalismo cobija
un amplio abanico de formas enraizadas en la diversidad cultural
boliviana--y el pais formal representado por los partidos politicos
y el Estado. La brecha entre ambos no hace mas que crecer, y crece
con ello el humus nutricio de la violencia. Por eso es que, detras
de esta ultima huelga, se esconde un malestar mas vasto. La
frustracion de un pueblo que voto' esperanzado por el cambio y que
ahora no ve sino mas de los mismo: miseria y represion, algo que no
ha cambiado en siglos de dominacion q'ara [blancoide] en el Estado
boliviano. La ingenua concepcion de "tabula rasa" que tiene todo
reformismo les impidio preveer este fenomeno de frustracion
colectiva en el diseno de la "Nueva Bolivia" que, como otras veces,
corre el riesgo de quedarse en mero slogan propagandistico. Es que
en lo fundamental, nada de lo prometido en las elecciones se
cumplio: comenzando por los 250.000 empleos. Y, encima, el pais no
tiene el mas minimo margen de maniobra para defender su otrora
boyante economia "ilegal" (no solo la del narco, tambien la del
contrabando y la pirateria industrial), economia que--lo
sabemos--goza de floreciente estabilidad en el pais del Norte. De
que sirven, entonces, la reforma educativa y la participacion
popular si el meollo economico del modelo prometido (y vislumbrado)
por la coalicion gobernante hace aguas por todas partes? Fue tan
solo una falla de calculo? O, aqui tambien, como en otras
coyunturas, volvemos a asistir al espectaculo triste de la ceguera
oligarquica o miopia de los poderosos, que carecen del sentido
historico necesario para imponer una dominacion duradera y legitima,
entre otras cosas, porque su lenguaje (y su lenguaje reformista en
particular) se ha pervertido hasta convertirse en una mera
convencion de mentiras y juegos de palabras?
Pero el problema de la doble moral, y la fragil legitimidad que de
ella emana, no es solo un lastre del estado y de los gobernantes. Yo
diria que es rasgo clave de la cultura politica boliviana, y en ese
sentido, nos constituye como actores y moldea nuestras percepciones,
comportamientos y espectativas. En el caso presente, es evidente la
falta de coherencia en las acciones y demandas explicitas de la COB
y los maestros. La resistencia a ceder privilegios gremialmente
adquiridos habla mas de atrincheramientos corporativos que de un
autentico sindicalismo revolucionario. Es mas: los maestros son el
principal sujeto y el principal obstaculo para cualquier puesta al
dia de nuestro anticuado aparato educativo. Pero, quienes son los
maestros? Son producto de la reforma educativa de 1956, y estan, en
ese sentido, hechos a semejanza del Estado del 52. Los mismos
aparatos clientelares y circulos de influencia. La misma corrupcion.
Quien es el MNR [partido de gobierno] para limpiar de corruptos el
magisterio? Quien puede hacerlo?
Y hasta la huelga resulta inscrita en la doble moral, puesto que no
paran sino los establecimientos estatales, mientras que en los
privados impera la disciplina laboral--y se trata de los mismos
maestros. Es que los capitalistas no son enemigos de los
trabajadores? Y entonces, por que no para toda la educacion? Pero lo
tragico es que los mas perjudicados son los hijos de los propios
trabajadores--urbanos y rurales--,que son los unicos que utilizan
todavia los desvastados servicios educativos publicos. El
resto--incluso un esforzado sector trabajador y popular--alimenta
las escuelas privadas, que viven como en otro pais, yendo a clases y
cumpliendo cabalmente sus programas, mientras todos los demas
estamos en huelga. Entre otros factores, el comportamiento sindical
y profesional del magisterio ha contribuido a esta brecha
infranqueable que separ a urbanos de rurales, a clases medias y
altas de clases populares, a escuelas de primera, segunda y ultima
categoria.
Malestar popular, profundas y legitimas frustraciones colectivas,
por un lado, por otro, sindicalistas y politicos cada vez mas
alejados del sentir colectivo, todos han contribuido a afianzar una
cultura politica profundamente conservadora y autoritaria, y al
parecer totalmente reacia al cambio. El Estado de Sitio resume,
entonces, el mayor fracaso en el esquema de cambios estatales que
lleva a cabo el cabo gobierno, y al menos le quedara el consuelo de
aprender que ningun cambio es posible sin la participacion de sus
mayoritarios protagonistas y receptores.
>
>***************************************************************************